En la era de la “comunicación”, la soledad, el vacío, el aislamiento y las dificultades para establecer un contacto íntimo con el otro, son constantes que aparecen permanentemente en las consultas de nuestros adolescentes y también de nosotros, los adultos.
S. Sinay lo expone claramente desde su libro: “Conectados al vacío” :
“Una vida real ó una vida virtual.Una vida elegida ó una ilusoria. Una vida de cuerpo presente ó vivir oculto detrás de la escenografía neotecnológica. Vivir ó vegetar. Que la muerte nos encuentre abiertos a la búsqueda de sentido, comprometidos en tal búsqueda, comunicados con el otro.”
Exponemos identidades privadas en ámbitos públicos, con la ilusión de pertenecer a una “red”. La otra vez escuchábamos en un programa diario de TV “estas redes sociales sirven para encontrarte con gente que nunca vas a querer ver”. Así los adultos, en general, no pasamos de un querer “espiar” por un ratito en nuestro pasado: compañeros primaria, de secundaria, del barrio de nuestra infancia.
Ahora bien, ¿qué pasa con nuestros hijos adolescentes? Blog, Fotolog, Facebook, Twitter, Messenger – etc, etc
Sentimos que a falta de adultos presentes, estas redes generan la ilusión de pertencia, de mirada que contiene y acompaña. Esta búsqueda de identidad particular, se construye volviéndola pública: Preguntas cómo: ¿quién soy, cómo es mi cuerpo, quiénes me miran, soy deseable? Buscan respuesta en el medio público… esto da cuenta que en el medio privado (familia) hay un vacío.
Mostrarme sensual ó sexual frente a una camarita, sin saber quiénes me ven… no importa, es la ilusión de que ALGUIEN me está mirando, lo que pone en marcha, motoriza estas conductas.
Mientras nosotros como padres sigamos temiendo MIRAR a nuestros hijos, sin nombrar lo que nos da miedo, lo que desconocemos, nuestros hijos seguirán buscando respuestas, como expresa S. Sinay “Conectados al vacío”.
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