Muchas veces, frente al llanto de un bebé ó de un niño, nos escuchamos diciendo: qué actor, te quiere manejar, dejalo ó lo vas a malcriar, no lo levantes, te tomó el tiempo, qué manejo…
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Según el diccionario y coincidiendo con la definición popular, un actor sería aquel que asumiendo un personaje representa una escena en la que se plantea una situación o conflicto que no sucede en el mundo real. Se trata de una ficción…A la persona del actor no le está pasando lo que le pasa al personaje, está fingiendo. Está asumiendo un rol para el cuál ha estudiado y se ha formado de manera tal de hacerlo con la mayor credibilidad posible.
Ahora bien, en esta escena que parece teatral, hay un bebé real que llora intermitentemente.
¿Es azaroso que lo haga de esta manera? La respuesta casi automática es adjudicarle al niño dotes actorales y reírnos a modo de aplauso en homenaje a un gran actor. Si pudiéramos ver un poco más allá de la escena, veríamos un bebé que está pidiendo algo a alguien significativo. Llora cuando ve a su mamá y deja de hacerlo cuando ella no está en escena. El bebé llora/pide y deja de hacerlo. El llanto es su manera de pedir aquello que necesita.
Los niños pequeños aún no pueden discriminar la realidad de la ficción, de manera que NO ACTUAN. Lo que les sucede, es REAL.
Si no ven a la mamá, para ellos la mamá no está, y se quedan SOLOS. El llanto y la angustia son reales, aunque para nosotros los adultos sea desmedido y lo nombremos como manipulación “Te está manejando, mirá qué actorazo “, etc.
Si el bebé que aparece en esta escena, (como en tantas escenas cotidianas en nuestras casas), es un ACTORAZO, nosotros nos ponemos en el lugar de público… Lo observamos pasivamente, nos reímos aplaudimos… Estamos ajenos, lejos, desconectados de su necesidad. Los invitamos a ampliar la lente y ver estos comportamientos de nuestros hijos, como el modo con el que cuentan para hacer un pedido. Nosotros como adultos, elegiremos, de qué modo responderemos.
Nacemos en estado de vulnerabilidad absoluta. A la mayoría de los mamíferos desplazarse y lograr satisfacer sus necesidades les lleva horas, meses… a nosotros los humanos nos lleva años.
Lograr autonomía nos lleva años. Adquirir la intencionalidad de hacer algo para obtener un beneficio, manipular… también nos lleva años.
