Continuando con el pensamiento anterior: esperar (inconscientemente) que los niños se comporten “adultamente”, nos deja a nosotros los adultos frustrados porque no logramos comprender qué necesitan nuestros niños. Nuestro “no saber” qué les pasa, qué necesitan, por qué lloran, deja a los niños solos porque tienen delante a un adulto muy enojado, desorientado, asustado…con escasa capacidad de espera, poca tolerancia a la frustración y manifestando un pensamiento egocéntrico…Como los niños…
Sería esperable, que siendo adultos tuviéramos capacidad de espera, tolerancia a la frustración y un pensamiento descentrado de nosotros mismos…
En los talleres para padres generalmente el Top Ten del ranking lo tiene: cómo poner límites? Generalmente comenzamos hablando de las características esperables en los niños y en los adultos. Con el grupo presente vamos nombrando y enumerando las “diferencias” entre ser niño y ser adulto. En todas las oportunidades, siempre algún adulto entra en contacto con sus propios recursos y exclama sorprendido: “pero yo al final tengo más características de la columna de los niños que de los adultos!”.
La mayoría de nosotros seguimos esperando que alguien (que no seamos nosotros mismos) nos venga a dar lo que necesitamos (infantilmente).
Crecer, sanar, encontrar nuestros propios recursos requiere de nuestra parte más adulta. Recién cuando podamos descubrirnos y encontrarnos con nuestro propio ser esencial podremos comenzar a escuchar a los niños y a los otros desde sus necesidades y posibilidades genuinas, sin sentir que nos están queriendo depredar.
son características inherentes al ser niño. Tengamos en cuenta estas características propias del ser infantil, cada vez que nos dirigimos a ellos esperando que se comporten “adultamente”.
Escuchamos y decimos cotidianamente a los niños:
- “Y yo cuándo voy a poder hacer lo que yo quiero? -
-”(madre arrastrando niño por la calle) ¿Vos me querés hacer llegar tarde?
- “¿Yo lloro cuando algo no me gusta? No, así que no llores más porque no te soporto”
- “Yo siempre te atiendo cuando vos me pedís algo, ahora yo te pido y vos no lo hacés”
- (llegando al Jardín de infantes sin calzado, mamá de un niño de 2 años) “Te lo traigo para que se lo pongas vos porque yo no puedo”
Por un minuto, qué creen que sienten los niños cuando les hablamos de esta manera?
“En su juventud, la alemana Jutta Bauer dibujaba los panfletos y carteles políticos con los que salía a la calle a protestar por la situación política en Hamburgo; años después, otros dibujos suyos, no muy distintos de aquellos que pregonaban la revolución, aparecen en hermosas historias de amistad, soledad y tristeza que niños y adultos de todo el mundo leen y disfrutan con idéntico asombro. (…) La última edición de la Feria Internacional de Literatura (FIL) de Guadalajara la recibió como una de sus invitadas especialísimas, y ella no defraudó: ofreció talleres para niños y adultos, dictó una conferencia magistral y recordó, como en esta entrevista, que la razón profunda de su trabajo es romper la actitud individualista que comienza a invadir a la niñez de todo el mundo.
-¿Cómo se hace para trabajar con y para niños sin subestimar su inteligencia?
-Bueno, no hay ninguna razón que me lleve a creer que de alguna manera soy superior a un niño. Además, en el arte los niños son mucho más interesantes que los adultos. Ya lo dijo Picasso:?”Todos los niños nacen artistas; el problema es cómo seguir siendo artistas al crecer”. Estoy totalmente de acuerdo con eso.
-¿Cómo hiciste para crecer y, al mismo tiempo, “seguir siendo artista”, según la idea de Picasso?
-Es difícil saber si lo logré. Pero más importante que mi condición me parece conservar y plasmar la mirada y las ideas infantiles en mi trabajo. Es fundamental no perder ese equilibrio entre el asombro, el juego y el desprejuicio que representa el día a día de un niño. (…)
-¿Ése es tu principal objetivo cuando te sientas a trabajar?
-Si entendemos por “mirada infantil” la combinación entre juego y curiosidad, sí. Intento que ésa sea mi principal pauta de trabajo.
-¿Cuál es el límite en la literatura infantil? ¿Hay algo que no se les deba contar a los niños?
-No estoy segura de que haya temas que no se puedan tocar; creo que, en todo caso, algunos en particular se deben tratar con cierto cuidado. Pienso en cuestiones de violencia, por ejemplo. Pero ¿de qué sirve evitar ese tema en un libro infantil, si luego esos mismos niños van a ver violencia en la calle, en Internet, en la televisión o en las historias que cuentan sus familiares? No se trata de no tocar un tema, sino de encontrar la mejor manera de abordarlo. Es importante no excluir el asunto. Ahí es cuando se debe ser más creativo y responsable.
-¿Qué aprendiste de los niños?
-¡Mucho! Y debo confesar que a veces su libertad me da cierta envidia. Una buena lección que me han dado es la de dibujar sin miedo. Eso es muy importante para cualquier ilustrador. Otra enseñanza es la sencillez, la humildad. Porque cuando dominas la técnica y te conviertes en un virtuoso, puedes caer en el error de creer que ya lo sabes todo. Pero un virtuoso verdadero no es quien puede hacer lo más difícil, sino el que es capaz de ser cada día más sencillo. Y me refiero a todos los aspectos, a los estéticos pero también a los personales. A mí me gustaría pintar como lo hace un niño.
(…)
-Justo eso quería preguntarte: el trazo de tus dibujos siempre parece muy simple, casi podría decirse que es minimalista. ¿Crees que por eso los niños se identifican con las historias de tus libros?
-Es difícil contestar por los niños, y la verdad es que nunca les he preguntado algo semejante. Pienso en trabajar con sencillez por varias razones: porque me parece que es lo más cercano a los niños, porque me gusta, y también porque supone un auténtico desafío. Recuerdo otra frase de Picasso: “En aprender a pintar como los artistas del Renacimiento tardé unos años; en pintar como los niños, toda la vida”. Es así realmente, el arte siempre radica en la sencillez, creo.
-¿Por ejemplo?
-No sé, cosas personales… Yo dudo mucho de que sea genial trabajar únicamente con libros. Si uno se rodea sólo de libros, pierde el contacto con el mundo real. Yo no creo en la idea del artista en la torre de marfil, al menos a mí no me sirve, siento que en ese caso me quedaría sin historias para contar. Por más genial que sea el texto con el que trabajo, no deja de ser letra escrita. Y a veces hay que buscar las historias en otros lugares.
-¿Cuándo descubriste que los niños iban a ser tu público?
-[Piensa.] No estoy muy segura de haberlo descubierto alguna vez. No es una decisión, porque los libros para adultos no llevan ilustraciones, y si quieres trabajar en esto, debes orientar tus dibujos al público infantil. Pero en el fondo creo que la respuesta a esa pregunta es que yo siempre dibujé lo que quería, en mi trazo digo lo que pienso, son opiniones muy libres. Y no sé por qué me parece que los niños son quienes mejor comprenden esa libertad. Son el público más abierto que hay. De todas maneras, mis libros no son sólo para niños…
(…)
-Es así, claro. Y uno se pregunta cuál es el secreto para hablarles a los adultos y a los niños en un mismo libro y captar la atención de ambos.
-Es un secreto para todos, especialmente para mí. No conozco la respuesta a esa pregunta. Tengo claro que no hay una receta ni un manual. No existen las fórmulas. Me encantaría conocerla, eso sí. Uno está a merced de ese secreto.
-Los niños soprenden todo el tiempo, dicen cosas que nadie esperaría que dijeran porque los adultos no pensamos como ellos. Y en tus libros también hay elementos completamente inesperados, como que se haga referencia al nazismo en una historia infantil. ¿No será ese atrevimiento parte del secreto que te permite entretener a adultos y niños por igual?
-¡Ah! No pensar de manera recta y lineal, que el pensamiento tome curvas… Sí, eso es algo muy importante para mí. Pensar en curvas, como dentro de un laberinto. No sé si será el secreto del que hablas, pero es algo que me interesa mucho.
-¿Qué piensas del impacto de la cultura digital en los niños? ¿Crees que dejan de leer libros como los tuyos para estar conectados a la computadora?
-No, no creo que dejen de leer. Las estadísticas también dicen que nunca se han vendido tantos libros infantiles como en estos años. Una cosa refuerza la otra. No hay que tener miedo de las nuevas tecnologías. La plataforma electrónica es un medio como cualquier otro, y nosotros tenemos la responsabilidad de dotarlo de un contenido que sea interesante para todos. El problema no es el medio, sino lo que hacemos con él. Y si los buenos artistas se niegan a participar en Internet, les dejas el terreno a los que no son tan buenos.
-¿Cuánto de pedagogía hay en tus libros? ¿Tienen la intención de enseñar?
-Sólo un poquito. Escribo e ilustro mis libros como si los hiciera para mí. Mi principal intención es contar una historia, no enseñar. Lo que explico a través de un personaje o una situación me lo explico a mí. ¡Y me sorprende que a otros también les interese! Nunca diría “Ahora voy a hacer un libro sobre un niño que tiene problemas por el divorcio de sus papás”. No, yo no trabajo así. Me cuento una historia que me gustaría leer, y siempre acerca de un asunto que conozco. Mis historias no surgen de la nada. Y cuando un editor me pide ilustrar un libro acerca de algo que no conozco, tengo que rechazar la propuesta.
-¿En la literatura para niños hay que ofrecer más preguntas que respuestas?
-Me parece que en cualquier aspecto de la vida, y en la literatura también, aquellos que creen poder dar grandes respuestas están equivocados. Lo más interesante es provocar preguntas interesantes.
-¿Cuál es la característica más personal que aparece en tus dibujos?
-[Piensa, duda.] Yo diría que el movimiento. Todos mis dibujos tienen esas rayitas en los costados que indican movimiento. Me encanta moverme, viajar, estar en actividad, y en mi trazo todo se mueve. Por eso a veces me surge cierta desconfianza con los libros. Al menos en este momento, los libros son demasiado papel para mí, papeles por todos lados, eso me agota. Lo que yo necesito es trabajar con algo que esté vivo, como los niños que participan de mis talleres de dibujo. Cuando todo lo que hago es rodearme de libros o papeles, siento que me falta algo muy importante.
-¿Te impresiona lo que los niños comentan de tus libros? ¿Qué opinión recuerdas especialmente?
-Trabajo con niños, doy talleres para ellos en distintos lugares del mundo, pero ahí muy raramente hablo de mis libros. Por eso, no conozco lo que opinan. Pero sí me ha ocurrido, en varias ocasiones, una cosa muy interesante. Yo los hago jugar con un libro mío de ejercicios, para que los chicos coloreen y dibujen las figuras que están allí. Y en una página, al lado de una imagen, dice: “A mi reina la asusta el color rojo. ¿A tu reina qué la asusta?”. Los chicos pueden poner allí lo que quieran, cualquier cosa, y nunca faltan aquellos que dibujan al papá o a la mamá.
-¿Qué es lo que eliges incentivar y estimular en los talleres que dictas para los niños?
-Algo que me gusta hacer con ellos es ponerlos a dibujar sobre superficies grandes, porque muchas veces, en la escuela o en la casa, los obligan a dibujar sobre hojas o cuadernos pequeños. Creo que eso es importante, para que identifiquen que el dibujo tiene que ver con el espacio, y por lo tanto, con el movimiento y la libertad. Otra cosa en la que pongo el acento es en que se den cuenta de que no hay error, que todo lo que hacen tiene su justificación y, en consecuencia, es legítimo. Los maestros ocupan todo su día en explicarles lo bueno y lo malo, y yo como artista hago justo lo contrario: me siento con los chicos y les digo que todo lo que a ellos les parece bien está bien. Porque lo que hacen, lo hacen por algo, y hay que escuchar lo que dice esa razón.
-Más que un taller para niños, parece una escuela para artistas.
-Es la idea. Para fomentar nuestra creatividad, los artistas debemos pensar que todo está permitido, no debe haber algo correcto y algo incorrecto. Eso existe, por supuesto, pero es terreno de la moral, no de la creación artística.
-¿Y cómo reaccionan los niños cuando les explicas que mientras dibujan todo está permitido?
-Bueno, ahí es cuando los envidio. Reaccionan de una manera increíble, porque no tienen miedo y sacan todo de adentro como se les ocurre. Su creatividad es espontánea y natural. No tienen ni un plan ni un programa, y por eso mismo llegan adonde nadie más puede llegar.
-¿Qué conclusiones sacas de ese trabajo en conjunto? ¿Cómo están los niños ahora, con respecto a unos años atrás?
-Lo más notable es que hay una gran diferencia entre los niños latinoamericanos y los europeos. En Alemania, los chicos de 7 u 8 años no tienen tiempo para nada. Los padres los ponen a hacer cursos de música, de dibujo, de gimnasia, de todo; están ocupadísimos y con un gran nivel de estrés. Ambos, los hijos y los padres, están sobreexigidos y ni siquiera tienen mucho tiempo para compartir. En este sentido, lo peor lo he visto en Japón, donde por cierto hay un nivel muy alto de suicidio infantil.
-¿Y en Latinoamérica?
-No, no, aquí están bastante más relajados. Por ejemplo, yo dicto el mismo taller en Lima, en una zona pobre de la ciudad, y en Hamburgo. La idea es que los chicos trabajen juntos sobre grandes superficies, y que compartan lo que hacen sobre el papel. Bueno, pues en Lima no tienen ningún problema y se divierten mucho, mientras que en Hamburgo es muy complicado que se animen a dibujar un círculo entre varios. “¿Qué haces? ¡Éste es mi dibujo!”, dicen, una y otra vez. Entre los niños europeos, el individualismo se ha convertido en egoísmo.
-Entonces, ¿dónde queda todo lo que decías antes? Me refiero a cuando afirmabas que los niños son más libres, que juegan y son curiosos, que no tienen miedo…
-Bueno, miedo no tienen. No es eso. En Europa, los niños aprenden desde muy temprano lo que significa la propiedad privada, y se educan en un individualismo muy fuerte. Diría que adoptan rasgos de los adultos desde una edad muy temprana, dejan de ser niños antes de que nos demos cuenta. Me ha ocurrido al decirles “tal vez sea una buena idea que ahora dibujes algo así y asá”, que ellos me contesten: “Mira, ¡no me gusta que te metas en mi dibujo!”. Por eso mismo es que escribo e ilustro mis libros y dicto los talleres, para romper esa actitud..”
Llega fin de año y a todas las corridas, balances y cierres, se agrega una preocupación: ¿Qué hacemos con los chicos durante el receso de verano?
Así enunciada, esta pregunta sólo tiene en cuenta una variable: lo que queremos o decidimos nosotros – los padres. Cambiamos colegio por colonia, horas y horas fuera de casa, con múltiples y variadas actividades…
Ahora, si LES preguntamos qué quieren los chicos, las respuestas se van repitiendo: estar en casa, descansar, no tener horarios, estar con mamá y papá y lo que es natural en ellos: jugar
Desde Familias Actuales creemos que una buena propuesta consiste en buscar acuerdos que satisfagan -si bien no a todos- a la mayoría de los miembros de la familia. Seguir poniendo horarios y sumando actividades que los chicos no piden, redundará en más cansancio, más berrinches, más desencuentros, mas soledad. Dentro de las posibilidades de cada familia, escuchemos lo que los chicos nos piden e intentemos acercar las necesidades de ambas partes: la de los grandes y los chicos.
Desde la perspectiva adulta, tengamos en cuenta que el uso del tiempo libre en los niños va a resultar mas enriquecedor y nutritivo si es tambien compartido con los adultos. A traves de este tiempo con ellos, les enseñamos además a estar con otros, intercambiar y acordar .
Estos momentos son grandes tesoros que nos regalamos y les podemos ofrecer a ellos .
La infancia dura solo un momento, habilitando a nuestros hijos con preguntas como: ¿Qué te gusta? ¿qué querés? ¿qué necesitas?, facilitaremos el crecimiento para devenir adolescentes y adultos mas conectados con nosotros mismos, con nuestras necesidades y deseos.
Parece fácil, pero ¿por qué nos cuesta? Los médicos una y otra vez nos dicen: “Estás estresado/a, tenés que parar… Si paro, qué hago? ¿Con qué me encuentro?…¿Qué hay?
Entonces seguimos corriendo: que los chicos terminen el colegio, las fiestas, con quién la pasamos, los regalos, cómo aumentó todo, no se puede, regalo sólo a los chicos, igual me voy de vacaciones sino me muero… Parar…
En estas búsquedas nos hemos encontrado y hemos aprendido, que existen muchísimas formas de no poder parar, de quedar atrapados en la telaraña de la repetición pero una sola forma de aprender a sanar “el encuentro con uno mismo”.
Para quienes nos permitieron compartir y acompañar sus historias,
para quienes confiaron en nosotras para develar sus zonas más dolidas,
para quienes se animaron a echar luz a las sombras… GRACIAS
GRACIAS, porque lo que sana son los vínculos – novedosos, amorosos, diferentes, habilitantes, confiables.
Ese es nuestro deseo para todos nosotros…
Perder los miedos, animarnos a parar y encontrarnos con lo
valioso que hay dentro de cada uno de nosotros y de los otros.
Parecería que la violencia doméstica está empezando a ser una noticia naturalmente cotidiana. Parecerís que la violencia entre padres y docentes no encuentra respuesta. Parecería que el hecho de que nuestros adolescentes se peguen y lastimen mientras otro filma y lo sube a la web, significa que los “jóvenes” están muy mal…
Siempre les pasa a otros que salen en la TV, nunca tiene que ver con nosotros… Las escuelas se sienten violentadas por las familias, las familias por las escuelas, los niños y jóvenes se sienten solos y poco escuchados – Lo recibimos cotidianamente en nuestras consultas. ¿Saben cuál es la palabras que mas entra en nuestro Blog?: FORZADO
¿Realmente creemos que ESAS dinámicas violentas no tienen que ver en nada con nosotros? Vamos a ver algunos ejemplos de circuitos violentos:
EJEMPLO
En un colegio de esta Capital, luego de la fiesta de fin de año que se realizó un día sábado, los chicos llegan al colegio y les informan que van a realizar un sorteo ”para integrar” el grupo A y el grupo B. Estamos hablando de niños de 10 y 11 años. Frente a la queja de los niños, se les insistió que era para que se conozcan para ver cómo se llevaban ya que al año siguiente quizás los mezclaran. ”Sortearon” 4 varones y 4 mujeres de cada grupo. Los chicos denunciaron que hubo papeles que se sacaron y se volvieron a poner. 18 quedaban en su grupo y 8 ”integrados” a otro..
Los docentes desconocían este movimiento, los niños y los padres también. La COMUNIDAD EDUCATIVA la conformamos todos, cuando la decisión es unilateral, cuando falta la comunicación es maltrato.
Insistirle a alguien que lo que siente (desconcierto, incertidumbre, angustia, enojo) no es así, que se tiene que poner contento: es VIOLENTO.
Mentiríamos si dijéramos que estas escenas nos toman por sorpresa.
Si prestamos atención. esto lo escuchamos todos los días la las salidas de los colegios, pero como sucede cuando uno no quiere o no está disponible para escuchar – el síntoma sube el volumen. Por ejemplo queriendo “integrar” desintegrando un grupo a tres semanas de terminar las clases. Cambiando a chicos de su grupo de pares, de su aula, de su maestra de Inglés antes del Final.
La mayoría los chicos de colegios de Capital Federal, expresan que en el comedor el nivel de gritos es intolerable, que hay docentes que amenazan para que se callen. Si los padres van a hablar luego les preguntan a los chicos qué es lo que dicen en casa. Escuchan oraciones como “ explico una vez y no explico mas” … ” si no sabe una palabra , busque en el diccionario” …. ” vaya y piense” ….Nos informan que hoy existen colegios que les hacen escribir a los chicos 50 veces fases como ” cuando suena el timbre hago silencio y me formo” .
Hay padres que intentan comunicar lo que sienten como familia y como manifestó una mamá “Lo único que logré es que la maestra se la agarre con el chico se 8 años … Y cuando mandé una nota porque no se respetaba el reglamento interno le dijeron al mismo pequeño de 8 años ” las notas de tu mama no me gustan” Como se revierte esto? Cuando las propuestas son rechazadas por soberbia ????”
El costo lo pagamos todos, sobre todo los niños y jóvenes que aún no tienen recursos para decidir por sí mismo, que aún no pueden desactivar solos estos circuitos. Para eso necesitan de nosotros los adultos.
En los Talleres o en las consultas cotidianas que recibimos hay una pregunta que se repite: ¿Cómo hacemos?
Para bailar el tango se necesitan dos. Las dinámicas violentas – en niños, adolescentes y adultos requieren dos partes: agredido/agresor.
¿Cómo hacemos para cambiar? Con CONCIENCIA. Nombrando, mostrando, no naturalizando que tengamos que recibir ese tipo de trato.
Es incómodo hablar de esto, pero ante todo debemos revisar como familias por qué elegimos este tipo de instituciones , qué de mi violencia como familia se actualiza en la Institución. Siempre son dos caras de la misma moneda. Si nosotros como padres: gritamos, pegamos, manipulamos, amenazamos – obviamente estas actitudes de los colegios no las voy a registrar y si las registro difícilmente haga algo ya que primero debo empezar por desarticular mis circuitos violentos.
No se trata de encontrar culpables, sino de SANAR NUESTROS VÍNCULOS – Desde nuestro abordaje, la manera de sanar es empezando a REGISTRAR que estos circuitos violentos implican un involucrarse…
Involucrarse implica DECIDIR, ELEGIR y actuar en consecuencia.
La pregunta final, Si los adultos no actuamos ¿Quién paga el costo de no desactivar estos circuitos?
El crecimiento de medicación, en niños y adolescentes es alarmante.
En los últimos años hemos escuchado cómo se hace uso y abuso de la medicación de venta libre. Muchas veces sin mediar una enfermedad, se administra MEDICACION a los niños:
jarabe para la tos – para “adormecerlos” durante un viaje largo.
antitérmicos para que vayan al colegio, ”por las dudas” porque estaba decaído (sin fiebre)
Estos son los primeros peldaños, en la escalada de abuso de la medicación. Una vez más, es el niño el que asume el costo, ya que la medicación recurrente está dejando una huella a futuro.
En el siguiente video las palabras del Dr. Thomas Szasz abre un ALERTA acerca de la medicalización de los niños “diagnosticados” con ADD (Déficit de atención) - Lo manifestado aquí por médicos y padres es fuerte, pero cada vez más frecuente.
“…Etiquetar a un niño como enfermo mental es estigmatización, no diagnóstico. Darle a un niño medicación psiquiátrica es envenenamiento, no tratamiento.Ninguna conducta o in-conducta es una enfermedad o puede serlo. Eso no es lo que las enfermedades son. Así que no importa cómo se comporten los niños. …”
Como expresa el Dr Thomas Szasz, se recurre abusivamente a la medicación para acallar CONDUCTAS, COMPORTAMIENTOS, no para curar ENFERMEDADES. Esto obviamente avalado por una red de autoridades: docentes, directivos, psicopedagogos, psicólogos, pediatras, neuropsicólogos, psiquiatras – que legitiman este “envenenamiento” –
¿Por qué? Si necesitamos acallar conductas, es porque algo nos molesta. Encontrar alguien con autoridad que le ponga nombre: TRASTORNO DE … nos tranquiliza. Así estigmatizamos a los niños desde temprana edad, ignorando que estas conductas son producto de una dinámica familiar y no sólo un “problema” de uno de sus miembros.
Pensemos honestamente a solas: ¿cómo ha circulado la medicación en nuestras familias? ¿Cómo se han enfrentado a lo largo de nuestro crecimiento los diferentes conflictos? : ¿Con medicación, con alcohol ó con qué otras sustancias …? Si hemos crecido en una familia donde lo natural era tomar una pastilla para…, veremos como natural darle medicación a nuestro hijo.
A lo largo de nuestras vidas, nos enfrentaremos a infinitas situaciones de conflictos. Podemos intentar descubrir qué sucede en una familia en la que uno de sus miembros manifiesta un síntoma ó simplemente podemos acallarlo todo MEDICANDO A NUESTROS HIJOS.